La cultura también necesita una revisión estratégica

En los últimos años hemos avanzado mucho en el discurso. Hoy la mayoría de las organizaciones afirman que la cultura es importante, incluso estratégica. Y, sin embargo, cuando rascamos un poco, sigue existiendo una brecha relevante entre lo que decimos sobre cultura y lo que realmente entendemos y gestionamos.

Porque la cultura no es un concepto abstracto ni un relato inspirador, a pesar de que aún en muchos lugares me cuesta que se entienda a lo que nos dedicamos en los procesos de transformación cultural.

La cultura es el conjunto de decisiones, comportamientos y prioridades que se repiten cada día dentro de una organización. Es lo que acaba determinando cómo se trabaja, cómo se lidera, cómo se colabora y, en última instancia, cómo se obtienen resultados.

Es la cultura la que promueve —o no— que una organización crezca de forma sostenible.
La que genera sentido de pertenencia.
La que permite que las personas se alineen en torno a un propósito compartido.
La que facilita que los objetivos estratégicos no se queden en números y presentaciones, sino que se ejecuten con coherencia.

Y, sin embargo, al inicio de cada año solemos hacer el mismo ejercicio: revisamos objetivos de negocio, redefinimos prioridades, ajustamos estructuras, analizamos perfiles clave y diseñamos planes estratégicos ambiciosos. Todo eso es necesario. Pero pocas veces nos detenemos con el mismo rigor a revisar la cultura que va a sostener (o boicotear) esa estrategia.

La cultura también necesita una conversación honesta.

Necesita pasar por un proceso de revisión y verificación:
qué estamos reforzando realmente, qué comportamientos estamos tolerando, qué mensajes implícitos estamos enviando a través de cómo lideramos, decidimos y priorizamos.

Porque la cultura se construye cada día. Y cuando no se revisa, suele convertirse silenciosamente en uno de los principales frenos para el crecimiento del negocio y para el bienestar de las personas.

Hoy, en un contexto de alta incertidumbre, cambios constantes y presión por resultados, revisar la cultura es una necesidad estratégica.
No solo para cumplir objetivos a corto plazo, sino para diseñar con claridad el futuro que queremos construir como organización.

Tener una visión nítida, un camino claro y una cultura alineada es lo que permite avanzar incluso cuando el entorno no acompaña.

Desde NNEXA (hace poco), pero Jon Elejabeitia y yo, llevamos muchos años acompañando a compañías precisamente en este punto: ayudándolas a parar, mirar con perspectiva y diagnosticar de forma rigurosa su cultura real —no la deseada—, para identificar qué necesita cambiar, qué necesita reforzarse y qué nuevas capacidades culturales hay que desarrollar para sostener la visión de futuro.

Se trata de diseñar conscientemente la cultura que el negocio y las personas necesitan hoy para crecer mañana.

Comparte este post:

Facebook
Twitter
LinkedIn